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Conciliación y cultura de empresa | Conciliación y cultura de empresa |
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El modelo de múltiples roles
Las vidas de muchas mujeres y muchos hombres transcurren en grandes ciudades, con crecientes demandas profesionales y menguantes apoyos familiares. Las estructuras familiares han cambiado mucho en los últimos años: la incorporación de la mujer al trabajo, la desaparición de la familia extendida y el apoyo asociado, las madres solas, los hijos de divorciados, los ancianos sin compañía….. Nuestros pilares para el cuidado de las personas se tambalean, y esto nos obliga a multiplicar la eficiencia de nuestro tiempo, a reinventar los equilibrios. El ejercicio armónico de los roles profesional, familiar, personal y ciudadano se torna cada vez más difícil.
Culturas empresariales que buscan la plena dedicación
El entorno laboral en el que nos movemos está centrado en los servicios, en la información y en el conocimiento. Las actividades de los profesionales están cada vez más abiertas y los contornos de “las funciones del puesto de trabajo” son más subjetivas. Además, en un entorno globalizado, los requerimientos de viajes, traslados de ciudad y adecuación a distintas franjas horarias son crecientes. La oficina es, cada vez más, un estado mental. Las empresas son conscientes de que las personas son su fuente de innovación, valor añadido y productividad. Consecuentemente, los departamentos de recursos humanos despliegan técnicas de motivación, implicación en la cultura corporativa o sistemas de recompensa por consecución de objetivos. Pero muchas veces, retener a los mejores no es sólo cuestión de motivación, reconocimiento y salario, y las empresas ponen en marcha programas para mejorar la calidad de la vida de sus profesionales. Trabajar con el conocimiento y con tecnologías de la información y las comunicaciones, permite deslocalizar la actividad espacial y temporalmente; por eso, la columna vertebral de los programas de conciliación es la flexibilidad a la hora de organizar el tiempo y lugar de trabajo. Los datos parecen demostrar la eficacia de estos programas: en un estudio en EEUU sobre 58 empleadores , 31 manifestaban que las políticas sobre trabajo-familia atraían a empleados deseables, tres cuartos que estas políticas reducían el absentismo y dos tercios que mejoraban las actitudes y motivación de los empleados. Es posible también una reducción de los costes médicos, al disminuir el nivel de estrés en el trabajo. Por el contrario, los costes de no hacerlo son el creciente absentismo y retrasos en la hora de llegada y productividad más baja. Sin embargo los profesionales trabajan cada vez más y, a más nivel profesional, menos uso de las políticas flexibles. Parece como si el uso de la flexibilidad, indujera temor a ser dejados de lado. La cultura del poder presencial y disponibilidad permanente se impone y el poder de la dirección intermedia suele ser un freno de cualquier cambio de modelo. Pero más allá de los gestores, es la cultura de empresa la que establece las reglas del juego. La cultura es un conjunto de elementos interactivos fundamentales, generados y compartidos por los miembros de una organización al tratar de conseguir la misión que da sentido a su existencia. Proporciona un marco de interpretación de la conducta de las personas en el ámbito organizacional. ¿Qué elementos hay en la cultura de las empresas que invitan a las personas a dedicar el 120% de su energía al entorno profesional?
La paradoja de los valores Nos falta tiempo para lo importante y se nos brinda flexibilidad en el trabajo, ¿por qué no se utiliza?, ¿por qué no se utiliza, al menos, el derecho a trabajar 40 horas a la semana? El miedo a perder ingresos, seguridad o calidad de trabajo parece ser la razón para volcarnos en el entorno profesional, ¿pero es suficiente? Parece indudable que el trabajo es un entorno cada vez más confortable, donde los profesionales se sienten comprendidos, apoyados y ayudados a crecer como seres humanos. El resultado es que el compromiso emocional con el trabajo y con su entorno social es mucho más fuerte que hace unos años. Pero la pregunta más dura de contestar es si nuestro hogar es el lugar de relax, libre de presiones y lleno de confort emocional que deseamos. ¿No es más bien otro lugar de trabajo lleno de demandas y urgencias? Con un escenario así, puede parecer lógico prolongar las horas de trabajo. Pero claro, éste es un círculo vicioso que se realimenta. Uno tiene su vida allá donde dedica su tiempo. A medida que el trabajo exige más tiempo, los roles familiar y personal nos generan más presión y nos obliga a correr, a delegar, a segmentar y organizar el precioso y escaso tiempo “libre”. ¿Qué valores sociales y personales son los impulsores de que las culturas de plena dedicación encuentren respuesta favorable? La conciliación biográfica Además de atender el desafío de equilibrar los distintos roles vitales en un determinado momento del tiempo, hay que poner el foco en la importancia de la conciliación a lo largo de toda la vida, en la conciliación biográfica. La interrelación de las distintas etapas vitales pasa por entender que el elemento común a todas ellas es uno mismo. De una forma simbólica, se puede dividir la vida en 5 grandes periodos que tienen necesidades muy diferentes en cuanto a la conciliación de roles y funciones vitales. Figura 1: Los cinco relojes En las dos primeras etapas vitales, “tiempo sin reloj” y “tiempo para mí”, la conciliación entre las distintas esferas de actividad es sencilla y, salvo situaciones especiales, se cuenta con grados de libertad suficientes para administrar el tiempo armónicamente. Es en estas etapas en las que se conforma la personalidad, y en las que se establecen prioridades y estilos de operar, que van a marcar en el futuro los estilos vitales y, por tanto, los equilibrios entre la vida profesional y personal. La etapa que sigue, rondando los 30, suele corresponder al máximo de actividad en varios de los frentes vitales. Sin previo aviso, muchas personas se encuentran en la etapa de los “tiempos imposibles”. Cada vida es distinta, cada circunstancia singular, pero la caracterización simplificada de estas etapas permite hacer reflexiones generalizables que cada uno puede aplicar a su caso. En muchas ocasiones, en medio de la edad productiva, se produce la crisis de la mediana edad (o de los 40). Es un momento de replanteamiento de prioridades vitales que suele poner en el centro la necesidad de conciliar la vida profesional con otros roles vitales. Estas 2 etapas son cada vez más cortas. Los años de máximo impacto, de mayores ingresos, de más oportunidades, se van estrechando porque cada vez los jóvenes se incorporan más tarde al mercado de trabajo, al menos al mercado de trabajo de calidad, y las prejubilaciones y la bolsa de parados de larga duración de mayores de 45 años, muestran la tendencia a ser expulsados antes de la edad de jubilación (en la actualidad esta tendencia se está cuestionando desde las políticas públicas por la dificultad de mantener el sistema de pensiones) . Además, estas etapas son, como se ha mostrado, cada vez más intensas. La transformación hacia los modelos en red, hacia la conectividad permanente y hacia la superabundancia de información conlleva un ritmo acelerado en la vida profesional. Y tras una vida en la que administrar el tiempo parecía un arte imposible, se entra en la última etapa, en la que la preocupación es la contraria: ¿qué hago con mi tiempo? En estos momentos la vida profesional desaparece de golpe, en muchas ocasiones la unidad familiar reclama menos atención y la conciliación biográfica emerge como un balance vital que marca el inicio y el transcurrir de una etapa vital cada vez más larga y plena. ¿Somos conscientes de que la relación entre las distintas etapas marca la armonía de cada una de ellas? Podemos guiarnos para la respuesta por un principio sencillo: se recoge lo que se siembra, y si la energía dedicada a los roles no profesionales ha sido pequeña, los frutos a recoger serán escasos.
La respuesta de las empresas Para avanzar hacia modelos de organización del tiempo y de las prioridades más confortables, hay que poner en la agenda política, social y personal alternativas viables. Cada uno, cada una, tenemos que librar nuestra batalla personal. Pero nadar contra corriente es siempre extenuante y de cortos avances, por tanto debemos pensar en estrategias personales y en estrategias colectivas: Estrategias personales para encontrar un equilibrio entre roles:
Estrategias de la sociedad que creen un movimiento a favor del tiempo:
Estrategias de la empresa
Publicado en Conciliación |
Una respuesta para “Conciliación y cultura de empresa”Artículos relacionados
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Junio 27th, 2008 at 20:11
Recién asumida la responsabilidad de estimular las aportaciones en este foro, un viernes soleado a las 18:30 me pongo a la tarea.
Un posible tema de debate muy relevante para consultores y coaches es cómo los profesionales “dueños de nuestro tiempo” nos autocontrolamos los horarios laborales.
Y otro también es cómo algunas personas, en mayor proporción mujeres que hombres, sentimos la imperiosa necesidad de ofrecer nuestra ayuda cuando alguien lo solicita, no importa lo cargadas que estén nuestras agendas.
Este artículo de Ana Moreno me ha parecido sumamente interesante. Aborda con claridad una serie de temas proclives al debate y a la presentación de experiencias y evidencias.
En primer lugar tenemos el tema de la cultura de presencia, en su versión clásica, y la más moderna y tecnologizada cultura de plena dedicación (“la oficina es un estado mental”). ¿Cuál es la realidad hoy día en las empresas y organizaciones? ¿Sigue vigente la cultura de presencia? ¿Presenta una evolución favorable? ¿De qué evidencias disponemos? ¿Hay diferencias según los sectores, tamaños o zona geográfica?
Propongo que aportemos experiencias, tanto positivas como negativas, de las empresas en las que hemos trabajado como empleados, o de aquellas que conocemos bien por haber sido clientes de nuestros servicios. Empiezo aportando algunos ejemplos que he vivido de cerca:
Primero, la buena práctica (siempre positivo;-):
• Una mediana empresa de software ubicada en Madrid, ya en los primeros 80, estableció una política de “puertas cerradas”. A las 20:00 se cerraba la puerta sin posibilidad de que quedase nadie dentro. La informática es muy adictiva. Hasta entonces los programadores se quedaban hasta las 22:00 ó más, “enganchados” a los ordenadores. Hoy en día el Director General se marcha a las 18:00 en punto y todos con él.
Ahora, distintos modos de incentivar la presencia en diversas empresas de Consultoría de RRHH de Madrid, durante los años 90:
• Circular a toda la compañía llamando la atención sobre la necesidad de cumplir estrictamente el horario de entrada. Sin embargo, también se destacaba, “las personas permanecerán en la empresa más allá del horario de salida hasta que terminen sus obligaciones pues se les paga para ello”. Es decir, a profesionales que trabajaban 12 horas diarias se les presionaba para que entrasen a las 9 de la mañana.
• Compañero varón que insiste en que la reunión de planificación comercial sea a las 19h a sabiendas de que su compañera tiene niños pequeños.
• Comentario de jefe a empleada que está un viernes a las 20.00 en la oficina tratando de sacar adelante el trabajo: “Creo que te estás tocando las narices”
Algunos casos muy recientes en empresas clientes:
• Directivo del departamento de RRHH que insiste en que no se va a su casa antes para no bañar a los niños. Le reímos la broma. Nos deja claro que es verdad.
• Reuniones para planificar un proyecto a las 18:30