Rincón del Coaching
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¿Por qué un directivo puede necesitar el coaching? | ¿Por qué un directivo puede necesitar el coaching? |
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Por Pedro Serrera. Director de SSII Fraternidad Muprespa "Si hay algo que un directivo con responsabilidad ejecutiva no necesita, es formación". Ésta podría ser una afirmación que comparten de modo tácito una mayoría de ejecutivos, pues la formación técnica les resulta ya innecesaria para sus puestos de trabajo, mientras que los cursos de habilidades directivas al uso común tienen muy poco que aportar. Si acaso, dirían algunos, el mero hecho de variar de entorno de trabajo durante unas escasas jornadas podría servir -a modo de apeadero- para interponer cierta distancia mental entre los problemas reales de la empresa y la estrategia de ataque del propio directivo. Sin embargo, a tenor de las opiniones sobre el desempeño de muchos directivos, el argumento anterior se derrumba- Antes bien, ¿no podríamos encajar este desprecio por la formación, en una postura conservadora y derivada de un cierto miedo al examen reflexivo sobre las propias competencias? Pues bien, es en este punto donde el coaching tiene un papel decisivo, ya que permite que el directivo realice un proceso de autoevaluación y análisis de su desempeño, soslayando las limitaciones que ciertamente son intrínsecas a la formación grupal. Vaya por delante que el requisito indispensable para que un proceso de coaching tenga efectos benéficos en el directivo que lo recibe, es que exista un interés personal en realizar el proceso. De otro modo, el coaching tendría el mismo efecto que un gimnasio al que se acudiera sin ganas ni cierta voluntad por esforzarse. Asumida esta premisa del interés personal por realizar el proceso, veamos cuáles son las principales ventajas, o lo que es lo mismo, cuáles son las necesidades latentes que se ven satisfechas cuando el coaching se culmina. a) Revisión de las relaciones: El trabajo es un equilibrio inestable de relaciones humanas que se mantienen en varios planos: colaboradores, compañeros, supervisores, clientes... y la clave del éxito de un directivo está en su capacidad para entender, dinamizar y dirigir estas relaciones. El coaching ayuda a revisarlas y a detectar puntos de mejora en nuestras principales relaciones. b) Clarificación de objetivos: ¿Cuáles son mis objetivos a corto, medio y largo plazo en el terreno profesional? ¿Soy capaz de deslindarlos de mis objetivos personales? ¿Estoy proveyendo los medios adecuados para avanzar en el cumplimiento de los objetivos? De nuevo, el coaching permite responder a estas preguntas. c) Autocrítica: Aunque nos cueste admitirlo, el diferencial que nos aporta cada año de experiencia en el terreno laboral se hace inversamente proporcional al número de años acumulados. Y sin embargo, la carga de malos hábitos que añadimos cada año a nuestro desempeño aumenta de modo lineal. Por ello es imprescindible para un directivo el ejercer la capacidad de autocrítica de un modo periódico, y ser capaz de desandar caminos de experiencia negativa. Y en efecto, el coaching ofrece esta posibilidad, pues se atribuye el papel de espejo capaz de reflejar nuestros hábitos y nuestros vicios, nuestras costumbres y nuestras "trincheras". Si nos atrevemos a asomarnos a este espejo, tendremos una mínima posibilidad de evolucionar... y mejorar. Artículos relacionados
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